
Estamos asistiendo por envejecimiento poblacional y por falta de relevo generacional a las últimas “pimenteiras” de Sobradelo. Hay una economía en vías de desaparecer, basada en la plantación de semillas autóctonas de la zona como remolacha, cebollas, puerros, tomates y, por excelencia, los pimientos, con gran sona y renombre fuera y dentro de nuestra comarca de Valdeorras.
Después de labrar la tierra a mano con herramientas tradicionales de huerta, se planta las semillas y después de un seguimiento riguroso hasta que nace la planta y está lista para transplantar. Gracias al microclima que posee Sobradelo de arriba o Sobradelo viejo, como se le conoce. Estas plantas eran las primeras en llegar a plazas y mercados como León, Astorga, La Bañeza, Bembibre, Ponferrada, así como Ourense, Monforte,Trives, Manzaneda, Rubiá, O Barco y el propio Sobradelo, entre otros.
Estas plantas listas para plantar se comercializaban en atados de un ciento o medio ciento. Para llegar a las plazas y mercados se iba en autobús y principalmente en tren. Por estas fechas, en la estación de Sobradelo había un gran trasiego de personas con dicha mecancía que se movían fuera de la comarca . Se transportaban en grandes cestas de mimbre y posteriormente en cajas de cartón. Más tarde, alqunas de estas personas adquirieron sus propios vehículos, prescindiendo del transporte público. Últimamente ya no salen a vender. Es la propia gente la que se desplaza a casa de los plantadores a adquirir las plantas. Una clientela fija y de muchos años.
Eso dice mucho de la labor y el buen hacer de esta gente que contribuyó con su trabajo y esfuerzo al mantenimiento de la economía doméstica y del pueblo en años duros y de miseria. En la actualidad quedan muy pocas personas de las muchas que hubo. Se puede decir que ya es una actividad testimonial. La gente que queda ya está mayor y no se dedica a ello. Recordar a algunas de ellas: Gela, Jandita, Conce, Jesús, Lupe, Paca, Citas… Hay que mencionar a Gelita. Tuvo una gran relevancia en este gremio. Ya no está activa pero a los lugares que iba se la sigue recordando como la flor de Galicia.
Para los que siguen y los que ya no están, mi máximo respeto y admiración. Para finalizar el agradecimiento a la labor de todas aquellas personas que con su trabajo y esfuerzo crearon una microeconomía agrícola y familiar para el sustento de sus familias y seres allegados. Y disculpas a los involuntariamente no mencionados.
Texto e foto: Enrique Fernández López.
