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El trabajo de nuestras madres y abuelas en las aldeas el siglo pasado

Artigo de Susana Rodríguez Nogueira en base ao traballo "La vida de la mujer campesina gallega. Ejemplo de dos aldeas de Ourense"

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Las mujeres en las aldeas gallegas desde la segunda mitad del siglo XX, nuestras madres y abuelas, trabajaron en las duras labores agrícolas y ganaderas ya desde bien pequeñas. Después, de mayores, también tuvieron que ocuparse de su casa y de cuidar de sus hijos, su marido y el resto de la familia que iba envejeciendo. Debido a este trabajo continuo, la mayoría solo pudo ir a la escuela para aprender a leer y escribir y lo que se conocía como las cuatro reglas.

Muchas de las labores rurales eran exclusivas de ellas. Otras, las realizaban conjuntamente con los hombres, aunque frecuentemente las tenían que hacer ellas solas, por ejemplo, cuando no había hombres en la casa, cuando estos tenían ocupaciones asalariadas o cuando no podían por otras razones.

¿Cuáles eran esos trabajos rurales de las mujeres en las aldeas de Valdeorras? Vamos a intentar sintetizarlos según las estaciones del año.

Primavera: sementeira

Durante la primavera, los trabajos en el campo eran muchos y variados, pudiéndose destacar la siembra. Previamente, en febrero, las mujeres hacían los semilleros, preparaban la tierra y sembraban las semillas de remolacha, cebolla, tomate, pimiento, etc. que habían guardado de las plantas de la temporada anterior. Los tapaban con sacos o telas para prevenirlos de las heladas y los regaban en los días soleados.

 

Tarea de cargar el estiércol de la cuadra en un carro para llevarlo al huerto.

 

Al llegar la primavera, los huertos estaban ocupados con nabos, cebada y avena, forraje para los animales, especialmente para las vacas. Al quedar libres se araban con el arado tirado por las vacas que ellas guiaban. Después, entre mujeres y hombres, troceaban los terrones, quitaban las malas hierbas y sacaban y acarreaban el estiércol desde las cuadras de los animales hasta los huertos. Pero cuando las circunstancias lo requerían las campesinas realizaban solas todas estas faenas.

Una vez preparada la tierra sembraban los pimientos, la remolacha, los tomates, las lechugas, las cebollas, etc. También las patatas, producto principal de la huerta, cuya siembra compartían con el hombre. Para ello hacían surcos pequeños con la azada, tarea muy costosa físicamente, por la postura incómoda, medio agachadas.

Asimismo, en esta época del año, juntos araban y cavaban con la azada las viñas y los soutos o tierras de castaños.

Verano: colleita

La época del verano empezaba con la siega de la hierba en el mes de julio y terminaba con la recogida de las patatas en agosto, las dos faenas más importantes y duras.

Durante la siega de la hierba verde, a media mañana, llevaban el almuerzo a los hombres a los prados y extendían la hierba para que se secara mientras ellos comían. Después, juntaban la hierba en feixes o haces para transportarlos a los carros, y de aquí a los pajares donde se almacenaban como alimento para el ganado durante el invierno y la primavera. Aunque era un trabajo del hombre, ellas también segaban cuando era necesario. En esta época del año, además iban al monte a arrancar y cargar haces de hierba para dar de comer al ganado.

 

Arranque de las patatas con arado. La campesina guía la vaca y recoge las patatas.

 

Al terminar la siega de la hierba empezaba la del trigo y el centeno, que se almacenaban formando las medas (apilado en forma de cono), en las eras comunitarias, y se mallaban entre todos los vecinos. Seguidamente, las mujeres llevaban el grano a los molinos de saltos de agua, elaboraban el pan y lo cocían en los hornos particulares.

En agosto arrancaban las patatas, junto a los hombres. En los terrenos grandes se arrancaban arando con las vacas y en los pequeños, con la azada. Era un trabajo muy pesado y se necesitaba un gran esfuerzo con la azada y para acarrear los sacos de las patatas hasta la casa.

También en este momento atendían con esmero el huerto: regaban y recogían las lechugas, judías, pimientos, etc. Como cuidadoras de la casa, almacenaban las cebollas, judías, habas, etc. y hacían conservas de tomates, pimientos… para tener todo el año.

Otoño: vendima-castañal

La vendimia y la recogida de la castaña eran las dos grandes labores del campo en otoño. Eran, además, dos trabajos por los que se obtenía un beneficio con la venta de la uva y la castaña. En la vendimia también participaban otros miembros de la familia, incluidos niños y niñas, que ayudaban a cortar los racimos y transportarlos en cestos al carro. Era una faena muy dura, muchas veces empañada por la lluvia.

Aunque la elaboración del vino era tarea del hombre, en caso de necesidad lo realizaba la mujer. La vendimia era uno de los pocos trabajos donde las jóvenes, sobre todo, podían ir de jornaleras para los grandes cosecheros de la zona.

 

Labor de cortar los racimos de uva y acarrearlos en un cesto al carro.

 

La recogida de la castaña se hacía después de la vendimia, en noviembre-diciembre. Eran muy hábiles en la labor de coger las castañas del suelo, aunque acababan con las manos destrozadas por los pinchazos de los erizos (envoltura espinosa de la castaña) ya que no usaban ninguna protección.

Era una faena agotadora pues se pasaban el día dobladas en los soutos o montes de castaños, y porque se hacía en una época del año de lluvia y frío. En esta labor también solía ayudar la familia.

 

Recogida de las castañas en el “souto”.

 

La mayoría de las castañas se secaban con humo y calor del fuego encendido día y noche en los sequeiros, lugar que servía de reunión, donde se transmitían los cuentos y leyendas.

Invierno: matanza

La matanza era la tarea más importante de la época de invierno, se realizaba entre diciembre y enero porque para llevarla a cabo se necesitaba frío. Se mezclaba el ritual con la fiesta, puesto que se reunía toda la familia y los vecinos que iban a ayudar.

Las mujeres criaban, alimentaban y cuidaban los cerdos comprados en ferias y mercados. Para ello, acarreaban los principales alimentos, berzas y nabos cocidos con salvado, e incluso atendían los partos de la cerda.

La víspera de la matanza tenían mucha faena con la preparación de la misma y de los alimentos que debían ofrecer a las personas que iban a ayudar.

Llegado el día, a primera hora, servían copas de aguardiente y galletas a los participantes y muchas se marchaban, no querían estar presentes en el momento en que el matachín llevaba a cabo la matanza del animal, pues les habían cogido cariño después de los meses de cría.

Una vez terminada la matanza, recogían la sangre, para elaborar las filloas de sangre, los intestinos y las vísceras del animal. Después de servir el almuerzo, comer y recoger, las mujeres de la familia y las vecinas que iban a ayudar marchaban al río a lavar las tripas del animal, tarea que les llevaba toda la tarde. Era un momento para ellas, para estar juntas y hablar de sus cosas. También elaboraban juntas los productos (chorizos, botelos, androllas, etc.) una vez que los hombres habían despiezado el animal.

Los productos de la matanza, fuertes pero apropiados para una zona de clima frío como esta, eran la alimentación principal de los campesinos durante el invierno y la primavera.

Trabajo cotidiano

Los trabajos habituales de la casa se compaginaban con las tareas del campo. Por las mañanas temprano, después del desayuno, la campesina iba a ordeñar las vacas y soltaba las cabras para que marcharan al monte con el rebaño comunitario. Seguidamente daba de comer a los cerdos, conejos y gallinas. Al acabar estas faenas se dedicaba a las de la casa: barrer, hacer camas, etc. Después salía al campo a trabajar en las labores propias de la época y a buscar comida para el ganado: berzas, nabos, o hierba verde para las vacas, en pesados haces transportados sobre la cabeza.

 

El ordeño de la vaca era una de las tareas diarias.

 

Tras hacer la comida y comer, daba la segunda comida a los animales y volvía a trabajar en el campo. Si el tiempo no le permitía salir, aprovechaba para realizar labores de la casa como coser, hacer ganchillo, ir a lavar la ropa al lavadero, etc. Un poco antes de oscurecer, con el regreso de las cabras del monte, daba la tercera comida al ganado, ordeñaba las vacas, preparaba la cena y recogía la cocina.

Ciertos días al mes le tocaba ir con el rebaño de cabras al monte. Ese día salía temprano de casa hasta la caída de la tarde, caminaba varios kilómetros y el tiempo libre, en que las cabras estaban comiendo, lo aprovechaba para coser o hacer ganchillo. Eran mujeres valientes, algunas se tuvieron que enfrentar al lobo que merodeaba el rebaño.

Otra tarea que solía hacer en primavera y verano era llevar a las vacas a pastar al monte, por las mañanas. También lo hacían los niños cuando no tenían escuela, o los hombres si no trabajaban fuera de la casa.

 

Mujer con las vacas.

 

Condición social

La vida de las mujeres en las aldeas no fue nada fácil. Criaron muchos hijos y cuidaron del marido y de su casa. Eran campesinas que trabajaron en las duras faenas descritas en el campo, pero su trabajo no estaba reconocido como tal, no estaba valorado, sino que se consideraba una ayuda a la familia o al marido. Por esta razón, no constaban en ninguna estadística laboral, no tenían ningún derecho, y por supuesto, no cobraban ningún salario o pensión, dependían económicamente del marido. Por eso, su condición social era la de amas de casa, y en muchas ocasiones, en los documentos oficiales (carnet de identidad, libro de familia, etc.) su trabajo era el de sus labores.

Si comparamos su condición social con la de las mujeres de las ciudades, que también se dedicaban a sus labores, podemos ver una importante diferenciaba y es que estas, si trabajaban fuera del hogar, percibían un sueldo. Quizás esta diferencia sea una de las razones por las que muchas mujeres del rural abandonaron las aldeas por las ciudades.

¿Ha cambiado el papel de la mujer campesina?

En las últimas décadas ha habido grandes cambios sociales, culturales, económicos y tecnológicos que han repercutido en las faenas rurales. Las nuevas máquinas y la tecnología ha revolucionado esa forma de trabajar.

Asimismo ha cambiado, en general, el papel de las mujeres trabajadoras en el rural, que ya se visibiliza como lo que son, trabajadoras agrícolas y ganaderas, sumándose a la población activa del sector primario. Si bien es un trabajo que, debido al despoblamiento del rural, cada vez realizan menos personas. Aunque en nuestras aldeas seguramente hay mujeres que trabajan como antaño, con la azada y el feixe a cuestas, en un trabajo todavía invisible y considerándose solo amas de casa, tarea esta que poco ha cambiado y que sigue realizando mayoritariamente la mujer.

Texto: Rodríguez Nogueira, S. La vida de la mujer campesina gallega. Ejemplo de dos aldeas de Ourense. Universitat de Barcelona. 1990.

Fotografías: Luis Nogueira.

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