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Los alcaldes que yo tuve en O Barco de Valdeorras

Artículo de opinión de Antonio Gómez Fuertes

 

El primero que yo tuve fue D. Julio Gurriarán Canalejas. Era médico de profesión. No sé qué especialidad tenía y a quienes atendía, pero era médico. Creo que como alcalde lo hizo bien y que su interés por la villa de O Barco se demostró cuando logró darle a la villa y a toda la comunidad valdeorresa la compra del terreno donde se erigiría un Hospital. Yo, por tener mi vivienda enfrente, pude ver cómo en el hermoso prado del Sr. Pedro se iba levantando ese Hospital.

En mis manos tengo una foto en que aparecen el Sr. Obispo, D. Antonio Briva Mirabent, el cura párroco D. Gonzalo Fernández, y el mismo D. Julio Gurriarán. Detrás de ellos se puede leer un cartel que dice: “Manos Unidas, Campaña contra el Hambre”. Era, por lo tanto, la muestra de un interés por las causas más importantes que se pueden hacer: que nadie se muera de hambre, que todos puedan comer y alimentarse. El Alcalde de O Barco, Julio Gurriarán, supo manifestar su preocupación porque todos tuvieran que comer cada día.

A D. Julio le sustituyó D. Eulogio Gavela. Me parece que ya estábamos en situación de democracia y, por lo tanto, D. Eulogio fue el primer Alcalde elegido por el pueblo. Evidentemente que cada uno tiene su manera de ser. A D. Eulogio se le veía en grupos de amistad como uno más. Recuerdo su presencia en el grupo de los Amigos de San Francisco Blanco. Y por eso todos los años subía a Outarelo a honrar al santo y manifestar su alegría con los amigos, también en los grupos donde se manifestaba alegría de estar juntos un año más. Nunca he borrado de mi memoria la presencia de D. Eulogio en las procesiones. Iba en la fila como un feligrés más.

A D. Eulogio lo sustituyó Antonio Hervella, Toni para los amigos. Y yo fui su amigo. O enemigo porque algunas veces nos enfrentábamos a jugar un partido de futbol. Tenía una gran fuerza. No era fácil quitarle el balón. Más bien era fácil que lo tuviera en sus pies y que chutara a puerta con peligro. No puedo olvidarme de su padre, D. Tertuliano Hervella. En la Iglesia de san Mauro, junto a un altar lateral, estaba su reclinatorio, el reclinatorio desde, abriendo su misal romano, rezaba sus oraciones.

Después de Toni Hervella volvió Julio Gurriarán, y a él le sustituyó Alfredo García Rodríguez, un maestro que vino desde su pueblo, cerquita de la capital leonesa, y que comienza a ejercer de maestro en Sobradelo, aunque vivía en O Barco junto con su esposa y sus dos hijas. Recuerdo que un día vino a mi casa porque quería que un sacerdote le administrara el sacramento de la Unción de los enfermos a su suegro, Bernardo Laguna. Después ya se hace cargo de una escuela en O Barco donde el año 2.000 asciende a la alcaldía y permanece en esta tarea 26 años. Supo rodearse de concejales entregados de verdad a sus concejalías, de manera que así brotó una forma de hacer política en favor del pueblo, en favor de O Barco.

 

 

Personalmente le agradecí que me invitara a tener el Pregón de las Fiestas de O Barco en el año 2011. Al terminar el pregón, él y su concejal de Cultura, Eduardo Ojea Arias, al que todos le llamábamos POTOLO, me entregaron una figura de las que tan maravillosamente hacía Cochorro. No lo he de olvidar nunca.

He leído diversas noticias que salieron en los periódicos desde que Alfredo dio a conocer su deseo de dejar la Alcaldía, después de 26 años. Y me quedo con la frase que él mismo dijo: “quiero descansar y disfrutar de la vida y de las hijas”. Muy bien, Alfredo. Lo lograrás, claro que sí.

Texto: Antonio Gómez Fueres.

Fotos: Arquivo Antonio Gómez Fuertes.

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