
“Las llamas hieren el corazón de la Diócesis de Astorga” es una frase que he leído en la Hoja Diocesana, Día 7 de Astorga que dijo el Administrador diocesano, D. Francisco Javier Gay Alcain. Y es verdad, es verdad que escuchando y viendo las noticias de los incendios que hubo, uno se entristecía.
La cantidad de terreno pisado a lo largo de mi vida sacerdotal en la Diócesis, en la Zona del Bierzo y de Galicia hacían mella en mi carácter. Yo no era el mismo. Pensaba en los familiares, pensaba en los sacerdotes que servían a esos pueblos en llamas. Rememoraba mi estancia en esos lugares que yo había visto más de una vez, cuando iba a visitar a algún sacerdote. Todo aquel optimismo y encanto por vivir y trabajar en esas aldeas, en esos pueblos, acompañando a los sacerdotes, se desplomaba. Y pensar en templos, iglesias que habían sufrido los zarpazos del fuego, me llenaba de tristeza. Y pensar en templos, iglesias, que habían sufrido los zarpazos del fuego me llenaba de tristeza.
Por la lectura de “Día 7” recuerdo la noticia de poner el mismo Seminario de Astorga, y el Colegio Pablo VI de A Rúa, y la colonia de Corporales al servicio de las personas afectadas. También Caritas Diocesana y Caritas Nacional hicieron lo mismo.
El tiempo ha pasado, y entonces cuando uno se entera de alguna acción que alguien hace en favor de las personas afectadas se llena de alegría. Un ejemplo lo he encontrado esta mañana leyendo la prensa: “Los pizarristas rebajan la pizarra para las casas quemadas; los vecinos que usan pizarra en la reconstrucción de casas ardidas en Valdeorras tendrán descuento”. Lógicamente me llené de alegría y no he caído en cambiar el sí de la gran noticia con en un “sí, pero…”, llegando incluso a exclamar algo así como: “Sí, pero ya están bien forrados los pizarristas…”. No, yo no quiero caer en esa idiotez. Quiero ver lo bueno que hay en el apoyo que el sector de la Pizarra valdeorresa y berciana da a los afectados por el incendio. Y con toda normalidad deciden hacer el bien.
Personalmente les doy las gracias. Y quedo muy satisfecho recordando que más de un familiar mío trabajó en ese sector. No estoy yo para ver en todo algún “pero”, sino en dar ánimo para hacer el bien. Gracias, pues, a los pizarristas.